En los últimos años, el interés por la robótica ha crecido de forma significativa, impulsado por la rápida difusión de los robots en el ámbito industrial y por un debate cada vez más intenso sobre su impacto en el trabajo. Paralelamente, desde hace más de una década, se desarrolla una línea de investigación que estudia la relación entre robótica y educación. ¿Qué sabemos sobre el uso de robots como herramientas de aprendizaje? ¿Qué dice la investigación y qué podemos empezar a imaginar para la formación en la empresa?
Qué es la robótica social
Para analizar la relación entre robótica y educación, debemos salir del mundo de la robótica industrial y entrar en el de la llamada «robótica social«. Se trata de un ámbito de la robótica dedicado al desarrollo de robots pensados para interactuar con los seres humanos en contextos sociales. Los robots sociales se definen como «agentes dotados de cierta corporeidad física, que interactúan con los seres humanos mediante el intercambio verbal, la resolución cooperativa de problemas y la toma de decisiones autónoma». En la práctica, son máquinas equipadas con sensores de movimiento y software de reconocimiento de voz y de emociones, capaces de mantener interacciones sociales limitadas pero significativas.
En el ámbito de los estudios sobre educación y robótica, esto tiene una implicación precisa: el robot social no es una herramienta pensada para transmitir contenidos, sino que está diseñado específicamente para participar en la dinámica relacional del aprendizaje.
Por eso no sorprende que muchos estudios sobre el uso de robots en el ámbito escolar mencionen, entre los factores de contexto, la escasez de docentes o la dificultad de garantizar una atención individualizada. Tampoco sorprende que la robótica social esté encontrando una amplia aplicación en ámbitos como la atención a las personas mayores y la sanidad, contextos en los que la demanda de relación supera estructuralmente la disponibilidad de personal humano.
Desde el mundo escolar: los resultados más interesantes
La mayoría de los estudios sobre robótica educativa proceden del contexto escolar, donde la investigación está más consolidada. Una revisión publicada en Science Robotics en 2018 por Belpaeme y sus colegas ya había documentado efectos positivos de los robots sociales tanto en los resultados cognitivos como en los motivacionales.
Un metaanálisis mucho más reciente, publicado en 2026 en Frontiers in Robotics and AI por De Winter y sus colegas de la Universidad Tecnológica de Delft, confirma y profundiza ese panorama. Los robots sociales son capaces de promover y sostener el aprendizaje, pero su eficacia no es una propiedad intrínseca de la tecnología. Uno de los datos más relevantes tiene que ver precisamente con la dimensión relacional, es decir, con la forma en que el robot se integra en la relación didáctica. Cuando el robot actúa como asistente en una relación de coenseñanza con un docente humano, el efecto positivo sobre el aprendizaje es muy fuerte. En cambio, cuando se plantea como sustituto completo del docente, no produce ningún beneficio.
El estudio también identifica algunos mecanismos psicológicos que explican por qué los robots pueden facilitar el aprendizaje. Uno de los más interesantes es la reducción de la ansiedad por el rendimiento: al ser percibidos como compañeros que no juzgan, los robots crean un espacio seguro para practicar y equivocarse. Otro es el llamado «efecto protegido» (protégé effect): cuando es el estudiante quien debe «enseñar» algo al robot, el beneficio cognitivo para quien enseña es significativo.
Algunas precauciones necesarias
El propio metaanálisis de De Winter invita a interpretar estos resultados con cierta cautela.
El estudio respalda la hipótesis de que la presencia física del robot, con su capacidad de gesticular, dirigir la mirada y ocupar un espacio, favorece la atención y la motivación de una manera que las tecnologías digitales tradicionales no logran reproducir. Sin embargo, no se trata de una ventaja automática. En algunos contextos, un énfasis excesivo en las características sociales del robot (movimientos, expresiones faciales, tono de voz) puede convertirse en una distracción, aumentar la carga cognitiva y obstaculizar el aprendizaje en lugar de facilitarlo.
Otras limitaciones tienen que ver con el reconocimiento y la síntesis de voz. Los robots pueden tener dificultades para entender la voz de los niños, y la voz sintética a menudo carece de naturalidad.
El estudio también detectó que el tono de los artículos varía según su procedencia geográfica. Los estudios realizados fuera de Europa tienden a reportar efectos mayores y un tono más optimista, mientras que los europeos son, de media, más críticos y cautelosos. Las razones de esta disparidad no están claras. Podría deberse a diferencias en los criterios metodológicos, a sesgos de publicación o al hecho de que en algunos contextos no europeos, como el asiático, la presencia de robots en el ámbito educativo está más consolidada y resulta más familiar.
¿Y en la empresa? Los primeros resultados
La investigación sobre robótica social en el ámbito empresarial todavía está en sus inicios, pero un estudio reciente en el que se probó el uso del robot Pepper en la formación de empleados obtuvo resultados interesantes. El estudio comparó la formación con Pepper con el aprendizaje tradicional en una plataforma digital.
Los principales resultados se refieren a:
- la valoración de la experiencia: la interacción con el robot se valoró muy positivamente, con un nivel de «disfrute» (enjoyment) significativamente superior al del aprendizaje frente a una pantalla;
- los resultados de aprendizaje: no surgieron diferencias estadísticamente significativas en los resultados de aprendizaje.
En otras palabras, el robot no hizo que se aprendiera más, pero sí hizo la experiencia más agradable. De hecho, los investigadores definen los robots sociales como herramientas prometedoras para diversificar la oferta formativa de las empresas y aumentar la implicación de los empleados. Subrayan que la implicación emocional suele ser la variable más difícil de garantizar, sobre todo en un contexto como el del e-learning, que por su propia naturaleza sufre de una escasa interacción social.
Sin embargo, el estudio también señala algunos puntos críticos. En el plano práctico, el robot tiene un ritmo propio que algunas personas perciben como lento en comparación con la formación en la plataforma, y además requiere la presencia física en la empresa, una limitación concreta en un contexto de trabajo híbrido. En el plano técnico, reaparecen las limitaciones ya conocidas por la investigación escolar: una voz sintética poco natural y unos movimientos que a veces distraen.
Una mirada hacia el futuro
La investigación sobre robots en el ámbito educativo y formativo refuerza una idea que se repite a menudo, también en relación con la Inteligencia Artificial: ninguna tecnología resuelve por sí sola todos los problemas. La integración con la aportación humana y la alternancia con otras herramientas resultan siempre decisivas para generar un impacto real en los resultados de aprendizaje.
El enfoque blended se confirma como el más eficaz. Y si realmente asistimos a una difusión de los robots en la formación empresarial, los retos serán tanto de planificación, ligados a la integración del robot en los itinerarios formativos existentes, como de diseño de la propia herramienta: los gestos, las expresiones y la voz son variables que, como hemos visto, influyen directamente en la experiencia de los usuarios.
Por último, el estudio sobre el uso de Pepper plantea una reflexión interesante. Las generaciones más jóvenes consideran la calidad de la formación un factor relevante a la hora de elegir y valorar una empresa, y buscan experiencias de aprendizaje atractivas y significativas. Sin embargo, cada vez resulta más difícil garantizar niveles adecuados de implicación. Estos son los trabajadores que en los próximos años se convertirán en el núcleo de las organizaciones, y atraer y retener talento depende cada vez más de la capacidad de ofrecer experiencias de desarrollo a la altura de sus expectativas. Los robots podrían convertirse en una de las herramientas disponibles para construir esas experiencias: variadas, atractivas y capaces de dejar huella.